
Creí que viajar en tren iba a ser bucólico.
Todo mundo habla tanto del tren, que pensé que teniendo un abuelo que dedico la vida al tren del Atlántico, algo debía removerme.
Tengo que aceptarlo, me he convertido en un culito de gasolina, no me muevo si no sacando el carro o la moto, preferiblemente la moto, por alguna especie de fetiche alimentado por Kenneth Anger, que no logro disimular.
La opresiva tarde de invierno, la luz agonizante del crepúsculo, el hipnótico balanceo del tren.
Me veo rodeado de rostros cansados, como el mío, y siento el sopor.
La vía hace su recorrido por la espalda de la ciudad, donde esta todo lo que nunca vemos, y es claro que hemos dejado que la ciudad se nos muera.
Rostros cansados, la luz amarillenta de los vagones, se apodera de mi un sentido de pesar, nuestro paso por la historia, habitantes del siglo XXI, se parece a este viaje en tren, un paisaje de nuestros propios descuidos, envueltos en la penumbra, exhaustos y sin esperanzas, esperando impacientes el turno para bajarnos de la historia.
Fotógrafo, productor de video independiente, director de arte y diseñador multimedia
Redactor y fotógrafo para la revista de arte en Internet www.ArtStudioMagazine.com.
Marcela Benavides Salazar
December 2nd, 2008 el 3:19 pm
Me gustan tus fotos de movimiento, no tenés más? y decime una cosa te montaste en el tren?
JotaPe
December 2nd, 2008 el 5:15 pm
Si claro que me monte, la desazon con la que me baje es que no he podido quitarme.